
Nutrir sin perderse: el arte de sostener sin agotarse
Nutrir sin perderse: el arte de sostener sin agotarse
El peso invisible del cuidado
En cada consulta hay un gesto que se repite:
mujeres que se sientan frente a mí, cruzan los brazos y dicen:
“Estoy cansada, pero no sé por qué”.
No es el cansancio de no dormir.
Es un cansancio más profundo: el de sostenerlo todo.
Sostener la casa, los hijos, el trabajo, la pareja, la familia, los vínculos.
Sostener incluso cuando el cuerpo pide detenerse.
A veces escucho una frase que pesa más que cualquier diagnóstico:
“Si yo paro, todo se cae”.
Y ese “todo” pesa más que su propio cuerpo.
Durante años, también me creí indispensable.
Creí que amar era sinónimo de estar disponible.
💭Hasta que entendí algo esencial:
el amor sin raíz se vuelve obligación,
y nutrir sin límites es otra forma de agotarse.
El arquetipo de la madre
La Madre es el primer rostro de la energía femenina:
da vida, alimenta, sostiene, protege.
En su luz, es generosa, compasiva, enraizada.
En su sombra, se sobrecarga, se posterga y se vuelve invisible detrás de los demás.
Caroline Myss describe este arquetipo como la expresión más terrenal del alma:
la que nos enseña a cuidar, pero también a crear hogar dentro de nosotras mismas.
Sin embargo, el ego colectivo fijó a la Madre en su versión más sacrificada:
La que nunca se cansa,
La que no pide ayuda,
La que se mide por cuánto da.
Cuando la Madre queda atrapada en esa sombra, el cuerpo habla.
Aparecen el cansancio crónico, la hinchazón abdominal, la pesadez, la lentitud digestiva.
✨ El metabolismo se vuelve espejo de la vida emocional: acumula, sostiene, no suelta.
La energia de la Tierra: sostener sin agotarse
(mirada biológica integrada)
En términos fisiológicos, la función de sostén y nutrición está profundamente ligada al sistema digestivo–metabólico y a su diálogo permanente con el sistema nervioso.
Es en ese eje donde el cuerpo asimila no solo lo que comemos, sino también lo que vivimos.

Cuando este sistema está en equilibrio, una mujer puede cuidar sin agotarse.
El cuerpo digiere, transforma y suelta.
La mente acompaña con calma y claridad.
Pero cuando el sostén se vuelve crónico —cuando damos más de lo que recibimos y no existen pausas reales—, el cuerpo entra en modo compensación.
Aparecen digestiones lentas, pesadez abdominal, inflamación y rumiación mental.
La mente, igual que el intestino, sigue procesando experiencias que ya no necesita.
En distintas tradiciones médicas, esta función integradora fue simbolizada como la energía de la Tierra:
la capacidad de nutrir, enraizar y dar forma sin perderse en el sostén.
Hoy sabemos que esa “Tierra” se expresa fisiológicamente en:
la salud digestiva,
el equilibrio metabólico,
y la regulación del sistema nervioso autónomo.
Cuando estos sistemas funcionan en coherencia, hay energía disponible.
Cuando se desregulan, el cuerpo retiene, acumula y se enlentece.
Cuando sostener de más agota: el correlato biologico
Desde la biología moderna, el patrón de la Madre sobrecargada tiene manifestaciones claras.
Vivir en estado de disponibilidad constante —sin descanso ni placer— altera el eje digestivo–hormonal–inmune.
El cuerpo interpreta que debe guardar energía para sobrevivir, no usarla para regenerar.
Esto se traduce en:
enlentecimiento digestivo,
alteraciones en la regulación de la glucosa,
aumento del cortisol basal,
inflamación de bajo grado,
fatiga tiroidea funcional.
El cuerpo literaliza el mandato cultural de sostener:
retiene líquidos, peso y emociones.
En la medicina ayurvédica, este patrón fue descrito simbólicamente como un exceso de estructura sin movimiento (Kapha) y una disminución del fuego digestivo (Agni).
Más allá del lenguaje, el mensaje es el mismo:
cuando una mujer se sostiene a sí misma solo para sostener a otros,
el cuerpo entra en modo retención.
No por debilidad, sino por inteligencia adaptativa.
💭 Cuando ese sistema vuelve a equilibrarse, aparece una nutrición distinta:
una que no pesa, sino que sostiene con suavidad.
Cómo sanar la Tierra interna
(volver a nutrir sin perderse)
Sanar a la Madre no es dejar de cuidar.
Es devolverle fisiología al cuidado.
No se trata de abandonar el rol,
Sino de sostenerlo desde un cuerpo que también recibe.
Cuando el sistema digestivo-metabólico se ordena, cambia la forma de maternar, de trabajar y de vincularnos.
No solo hacia los otros, sino hacia nosotras mismas.
Prácticas para integrar a la Madre
1. Ritual de suelo
Cada mañana, antes de moverte, sentí los pies apoyados.
Visualizá raíces que descienden hacia la tierra.
Repetí internamente: “Puedo sostener sin perderme.”2. Nutrición consciente
Elegí alimentos cálidos, cocidos y simples.
Reducí el exceso de azúcar y ultraprocesados que saturan el sistema digestivo.3. Pausas digestivas
Hacé al menos una comida sin pantallas ni conversaciones.
Solo presencia y masticación.
La Tierra sana cuando puede recibir lo que da.4. Cuidado simbólico
Revisá en qué áreas de tu vida seguís alimentando sin reciprocidad.
Decir “no” sin culpa también es nutrición.
Volver al centro
La Madre sana cuando comprende que el amor no se mide en sacrificio
y que su valor no está en lo que da, sino en la presencia desde donde lo entrega.
El cuerpo siempre guía:
Cuando está sobrecargado, se inflama;
Cuando está desconectado, retiene;
Cuando vuelve al centro, florece.
👉🏼 Sanar la Tierra no es dejar de cuidar.
Es volver a sentir placer en hacerlo.
Para cerrar 🌸
Si mientras leías sentiste que tu cuerpo está cansado de sostener más de lo que puede, quizás no sea falta de voluntad.
A veces, el primer paso no es hacer cambios grandes, sino entender qué área de tu biología está pidiendo cuidado hoy.
Por eso, creé un Test de Desequilibrio Biológico que te ayuda a identificar si tu desgaste principal hoy es:
estrés, metabolismo, sistema hormonal o inflamación.
👉 Podés hacerlo acá y empezar a escucharte con más claridad.
En el próximo capítulo vamos a explorar La Guerrera – Fuego:
cómo transformar la lucha constante en propósito,
y la acción agotadora en energía sostenida.
¿Seguimos?
💌 Te abrazo,
🪶 Te leo en los comentarios, para conocer tu experiencia